Amelia Turrubiates: Bailando en Puntas a los 73 Años, Nunca es Tarde para la Libertad
- Vadim Proshichev
- 24 dic 2025
- 6 Min. de lectura
Hoy tenemos el honor de entrevistar a Amelia Turrubiates, una mexicana originaria de la Ciudad de México y residente en Atlanta, Georgia, quien personifica la perseverancia y la pasión. Amelia ha encontrado en el ballet la disciplina y la plenitud que complementan su vida profesional como psicoterapeuta de tiempo completo. Nos cuenta su increíble viaje, desde un sueño de la infancia frustrado por el frío hasta encontrar la técnica rusa ideal en la madurez y convertirse en una figura inspiradora de su comunidad online

Biografía
Amelia Turrubiates (Ciudad de México, 1952) es psicóloga de profesión, egresada de la UNAM, con una especialidad en salud mental en Estados Unidos, donde reside desde hace 22 años. Tras una pausa de más de cuatro décadas en la danza, Amelia retomó su pasión por el ballet ya en la edad adulta, motivada por su búsqueda de salud, energía y el disfrute personal. Se dedica al ballet clásico con disciplina y ha logrado avanzar hasta la práctica de puntas, un testimonio de que la dedicación y el compromiso permiten alcanzar logros sorprendentes a cualquier edad. Hoy es un miembro activo y entusiasta de una comunidad internacional de ballet online.
DCDMX: Para empezar, cuéntanos un poco sobre ti: ¿dónde naciste y a qué te dedicas profesionalmente?
A.T.: Yo soy Amelia Turrubiates, soy de México. Nací en la Ciudad de México en 1952, en agosto, y hoy vivo en Atlanta, Georgia, desde hace 22 años. Estudié Psicología en la UNAM y después, al venir a este país, hice la especialidad y obtuve la licencia para ser profesionista de la salud mental. A eso me dedico todavía, sigo trabajando tiempo completo, pues es una de mis pasiones: mi trabajo con la gente como psicoterapeuta.
DCDMX: Aparte de tu carrera en salud mental, ¿cómo describirías tu relación actual con la danza?
A.T.: Otra pasión que tengo es el ballet. Hoy día le estoy dedicando todo el tiempo que más puedo porque me siento, increíble, joven, saludable, y atractiva, con mucha energía. Simplemente me gusta mucho y estoy muy enamorada del ballet.
DCDMX: ¿Cómo encontraste la técnica que buscabas y qué ha significado para tu desarrollo, tanto físico como mental?
A.T.: Encontré a Vadim con la técnica rusa que yo andaba buscando desde pequeña. Ya estoy enganchada, aprendiendo todos los días algo más, porque aunque aparentemente son los mismos ejercicios, cada día es un reto. Hay que poner atención en la espalda, en el abdomen, en el cuello, en la pierna, en los tobillos, en todo. Saber cómo poner los dedos de los pies, los brazos, las posiciones, el nombre de los pasos... es muy complejo, pero también es muy enriquecedor. No solo beneficia tu aspecto físico y tu energía, sino también tu mente, porque la memoria se agiliza y las neuronas están más conectadas.
DCDMX: Cuéntanos sobre tu historia con el ballet. ¿Cuándo empezaste de niña y por qué lo dejaste?
A.T.: Cuando era chica, creo que comencé a los nueve años a estudiar ballet. Recuerdo que martes y jueves eran mis días preferidos de la semana. Yo crecí con la idea y la promesa de que mis padres me mandarían a Rusia a estudiar ballet porque me gustaba mucho. Soñé siempre con eso. Pero recuerdo que cuando ya estaba en la preparatoria, les dije a mis papás que era tiempo de ir a Rusia. Mi mamá me dijo: "No, está muy frío, no te vas a ir al frío." Me enojé, me enojé con la vida y con mis papás. Dejé de hacer ballet. Después, cuando ya estaba en la Facultad de Psicología, volví por un rato, encontré una maestra, pero ya sabía que no me iría a Rusia y que me dedicaría a mi carrera.
DCDMX: ¿Cómo fue ese momento en Atlanta, décadas después, en el que decidiste retomar la práctica?
A.T.: Pasaron unos 40 años, más o menos. Ya viviendo en Atlanta, vi [clases en] Atlanta Ballet para adultos y dije: "Bueno, voy a seguirle." Seguí, pero vino la pandemia, y aunque estuve unos seis meses, no había una técnica específica, como la que yo siempre soñé. Buscando en internet, vi diferentes maestros, hasta que un día descubrí a Vadim. Dije: "¡Ah, esto es lo que yo estoy buscando!" Viajé a la Ciudad de México para que me valorara y me dijera si yo podía hacer ballet. Me dijo que sí. Ajusté mis tiempos y ya estoy dedicada al ballet, muy disciplinada, desde hace un poco más de dos años y muy feliz.
DCDMX: Mencionaste el progreso que has tenido, incluso en puntas. ¿Cómo sientes esa evolución?
A.T.: Yo veo el progreso cada día. El progreso es sensacional en puntas. Las primeras veces era como un brinco torpe. Ahora hay un brinquito, pero lo siento suave, lo siento bien, me acomoda. Antes se sentía forzado; el brinco venía con los hombros, el cuello, la mirada... He podido ir trabajando con la técnica. Me falta mucho, pero todavía tengo muchos años por delante para vivir y vivirlos plenamente con lo que más me gusta.
DCDMX: Como psicóloga, ¿cómo ha influido el ballet y el método de Vadim en tu conciencia corporal y emocional?
A.T.: Con Vadim vas a adquirir un grado de conciencia corporal, de conciencia de cada uno de tus músculos y por qué se mueven. Además, él te lleva de la mano a través de sesiones de psicoterapia corporal. Yo no estudié esa área de la psicología, pero si yo tengo, por ejemplo, los hombros y espaldas muy anchas, sé que no tengo cuerpo de bailarina y nunca lo voy a tener. Siempre lo quise, pero mi fisiología es diferente. Pero sé dónde están mis bloqueos: en los hombros, en la cadera, en las lumbares. Esos bloqueos los he venido trabajando con Vadim, y voy soltando, voy soltando, porque en la vida vamos guardando cosas. Yo crecí siendo responsable, con mucha disciplina, con la idea de que debía ser la mejor, y eso lo traigo en la espalda. Pero he aprendido a aligerar, a quitar esa tensión de mis músculos. No es solo una postura de bailarina, sino una postura con mucho sentido de lo que estás haciendo y por qué.
DCDMX: Has formado parte de una comunidad en línea muy diversa. ¿Cómo es esa experiencia?
A.T.: Vadim, con su método a distancia, ha creado una comunidad muy bonita. Tenemos compañeras de México (de diferentes estados), de Chile, de Argentina, de España; hemos tenido de Perú, de Uruguay, de diferentes lugares. Es bien bonito estar conectados al mismo tiempo con el mismo propósito, con el mismo amor al ballet. Nos enriquecemos mucho; somos una comunidad que nos queremos y nos respetamos.
DCDMX: ¿Por qué es importante seguir los sueños, aunque seamos conscientes de que no seremos bailarinas profesionales?
A.T.: Nunca debes dejarte vencer por ir y seguir los sueños que tú tienes. Un día van a llegar, como yo busqué el ballet y me llegó el sueño, y estoy en él. Yo sé que nunca voy a ser una bailarina profesional, pero no estoy practicando para eso. Sí, a mí me gusta cocinar, cocino con gusto, aunque no sea una chef experta. De igual manera, yo hago mi ballet de la mejor forma que yo puedo. Lo hago para agradarme a mí y a los míos que gozan mi felicidad. No me interesa ser bailarina profesional como cuando era pequeña, pero ese sueño no se cumplió en ese momento. Ahora que estoy en esta edad, ¿por qué no? Vivir los años que me queden a plenitud con esa ilusión, con ese sueño. Si a mí me gusta cocinar, cocino con gusto, aunque no sea una chef experta. De igual manera, yo hago mi ballet de la mejor forma que yo puedo. Lo hago para agradarme a mí y a los míos que gozan mi felicidad. No me interesa ser bailarina profesional como cuando era pequeña, pero ese sueño no se cumplió en ese momento. Ahora que estoy en esta edad, ¿por qué no? Vivir los años que me queden a plenitud con esa ilusión, con ese sueño.
DCDMX: Finalmente, ¿qué le dirías a alguien que duda en empezar el ballet siendo adulto?
A.T.: Yo les diría que no se rindan. Si es un sueño que tienes, cúmplelo. Vas a ser una bailarina para tí y nunca es tarde para comenzar. Nunca es tarde para dejar tus sueños ahí en el bote. No, suéñalos, vívelos todos los días profundamente. Siempre es tiempo. No dejes que nadie te diga: "No, tú ya no puedes, tú ya tienes muchos años encima." Esos años te han servido para tener experiencia y el poder de decidir por tí misma. Si tú decides entrarle al ballet, créeme que estás tomando una de las mejores decisiones, porque vas a fortalecer tu físico, tus músculos, tus huesos, pero también tu espíritu, tu alma, tu mente, tu cerebro, y eso no tiene precio.
Si buscas terapia o colaboraciones puedes contactar a Amelia:
Amelia Turrubiates, LPC, NCC, MFT-C
Textos: 678 886 2974






Comentarios