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Brisa Almazán: El Cuerpo como Poesía y el Presente como Destino


Brisa Almazán: El Cuerpo como Poesía y el Presente como Destino

¿Es posible encontrar en la danza una respuesta a todas las preguntas de la vida? Para Brisa Almazán, la respuesta es un rotundo sí. Diseñadora digital de profesión y poeta de corazón, Brisa llegó al ballet y a la danza contemporánea desafiando sus propios prejuicios y cronómetros personales.

En esta charla profunda, Brisa nos comparte cómo pasó de ilustrar bailarinas a convertirse en una de ellas, descubriendo que el escenario no solo es un lugar para el movimiento, sino un espacio donde la mente, el cuerpo y el alma finalmente logran alinearse. Conoce la historia de una mujer que encontró en la danza el "presente puro" y que hoy nos regala su visión más íntima a través de sus propias letras.


Cuéntanos brevemente sobre ti: ¿A qué te dedicas profesionalmente o en tu día a día, y qué disciplina de danza practicas?

Mi formación profesional va más dirigida al diseño digital enfocado al marketing. En mi día a día hago análisis y propuestas de rediseño, estrategias y planificación de campañas digitales y les doy seguimiento. Me gusta mucho mi trabajo porque, en resumen, siento que me pagan por pensar y organizar. También tengo estudios en lingüística, literatura, filosofía e, incluso, repostería. Pero nada me ha gustado tanto como la danza. Actualmente, practico danza clásica y contemporánea; muy ocasionalmente entro a clases de ritmos latinos, baile de salón y salsa.



Brisa Almazán: El Cuerpo como Poesía y el Presente como Destino

¿Cómo descubriste la danza y en qué momento te diste cuenta de que se convertiría en una verdadera pasión?

Jamás me vi practicando danza. A los 6 años vi El Cascanueces en Bellas Artes y me pareció hermoso; recuerdo que mi mamá exclamó: "¡Cuánta fuerza deben tener en las piernas!", pero no pensé que pudiera hacerlo yo. Mis intereses siempre fueron más académicos —lectura, idiomas, matemáticas—, nada que implicara esfuerzo físico. A los 20 años, en mi carrera de ilustración, dibujaba bailarinas por el  reto de capturar el movimiento, pero solo como ejercicio visual.

Fue hasta los 26 años, con estabilidad profesional, cuando decidí atender la parte física. Mi respuesta indudable era el patinaje sobre hielo, pero ante la falta de lugares, busqué alternativas. El día que iba a inscribirme a Tai chi, me pregunté: "¿Qué es algo que nunca te imaginaste hacer?". La respuesta fue el ballet. Encontré una escuela enfocada en adultos con una metodología pensada en nosotros, lo que me dio confianza. Mi clase de prueba fue de floor barre y no me gustó —jaja—, pero me inscribí con la idea de que si necesitaba hacer eso para pararme en puntas, lo lograría sin ponerme un tiempo límite.

Me preparé mentalmente para tener mucha paciencia y no compararme con los demás. Me repetía: "Si tienes paciencia, te salvarás". Y qué bueno que lo hice, porque años más tarde supe que la chica que estaba al lado mío en esa primera clase era bailarina profesional. Me di cuenta de que la danza ya era una pasión porque me obsesioné con la técnica y  la historia; cuando no podía bailar, leía y escuchaba sobre eso.

La danza contemporánea llegó cuatro años después. En 2023 vi un grupo y, aunque no entendía lo que veía, quedé fascinada. Cuando por fin pude tomar clases con ese profesor, al principio me sentía muy expuesta; fue un acto de fe. Poco a poco me fue gustando porque la clase se volvió un espacio para sentir continuidad, fluidez y ángulos...  una gran variedad de sensaciones. Además, descubrí que en la danza y en la vida, lo principal no es no equivocarse, sino continuar a pesar del error.


¿Por qué te apasiona la danza? ¿Qué emoción o sensación te da el bailar que no encuentras en ninguna otra parte?

Porque la danza es la única respuesta a todo. Es el aquí y el ahora. No importa qué pasó un minuto antes ni qué va a pasar un minuto después. La danza no es pasado ni futuro, es el presente puro en su máxima expresión. No importa qué tienes o qué haces diario, incluso no importa tu propio nombre. La danza es el único momento en el que mente, cuerpo y alma se alinean con el espacio y el tiempo.

Brisa Almazán: El Cuerpo como Poesía y el Presente como Destino

¿Cómo se integra la danza en tu vida cotidiana? ¿Qué lugar ocupa en tu semana y cómo te ayuda a enfrentar tu trabajo o tus desafíos diarios?

La danza es la vida para mí. Son lo mismo. Es muy frecuente que las cosas que voy aprendiendo en clase las piense directamente en mi vida. Por ejemplo, una vez un profesor dijo: “Cuando se caigan, no se abandonen”; él se refería a la consciencia corporal que habíamos de tener en el momento en que hacemos una caída coreográfica, pero yo estaba pasando por momentos difíciles en mi vida, así que su mensaje lo entendí como: “aunque las cosas vayan mal, tú debes continuar para ti, no te rindas”. Es impresionante cómo la vida de cada persona se proyecta en cada clase, en cada elección de música para bailar, en cada movimiento y en el escenario.


¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a bailar?

Les diría que se requiere de mucha paciencia porque, en general, los profesores no se van a cansar de corregirnos, pero que eso no tiene razón de ser si no tenemos la voluntad y la paciencia con nosotros  mismos. Si eres autoexigente, la danza te va a ayudar a canalizarlo para un bienestar personal, pero hay que ser muy paciente para conseguirlo.

Brisa Almazán: El Cuerpo como Poesía y el Presente como Destino
Queremos celebrar tu expresión: La poesía de Brisa

Además de la danza clásica y la contemporánea, me gusta mucho la poesía. En 2022 me fui a España a estudiar una maestría en Poesía Universal Contemporánea y mi proyecto final fue un poemario titulado “El cisne roto”, donde mi tema principal era la búsqueda del dolor como experiencia vital, no estética. Hoy en día, cuando lo releo, me doy cuenta también lo mucho que me ha transformado la danza y que la he resignificado. Por ejemplo, comparto un poema de ese libro:

"Se desplaza borrando la incertidumbre

dibuja líneas divisorias entre la muerte y el pulso intenta flotar para no pisar su dolor.

Tanta concentración casi la hace olvidar su nombre quieta repite a sí misma que es

La domadora de la gravedad

la responsable de adornar con latidos el espacio péndulo vivo sin cuerda

muñeca con omóplatos claros en vez de alas.

Avanza con cuidado

le devuelve el equilibrio a la tierra

mientras se ve tentada a convertirse en ángel o en un cisne

y ahogarse afuera del lago o suicidarse hacia el cielo."


Por otra parte, este año ya no he escrito tanto; sin embargo, la danza contemporánea me ha permitido explorar otras imágenes poéticas aunque no hable propiamente de la danza. Yo me leo a mí misma como alguien desconocido, pero que me agrada. Aquí les dejo un poema inspirado en lo que he sentido en esta danza:

"Si mis huesos se convierten en raíces

va a ser absurdo querer arrancarme los nervios.

La tierra

fría y reconfortante

me cuenta de todas las veces

que ha sido pisada

con deshonra

y que con su firmeza

a veces se vuelve arena movediza

pretendiendo tragarse esbozos

de figuras humanas.

Mientras yo

no quiero ser tragada

ni oculta

ni cubierta

quiero comprender

y conectarme con la tierra."


Por último, algo que este año me ha confrontado mucho es que yo jamás había pensado llegar a esta edad bailando. Pensaba que a estas alturas mi vida estaría volcada en la investigación e instituciones académicas, y no lo digo con nostalgia o arrepentimiento, más bien con sorpresa y con mucha satisfacción, porque esta no es la vida que soñé, es realmente mucho mejor.

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